Queridos, les escribo desde el territorio nacional. Anoche me subí a un avión a eso de las once de la noche, me tomé una tafil, me cobijé con la mantita de mierda esa que te da la aerolínea, y cuando abrí los ojos ya estaba sobrevolando Alajuela. Lo más cerca que estamos de la teletransportación.
Aquí me esperaba un desayuno con mis papás, unas horas para desempacar y bañarme y poner los pies otra vez sobre la tierra (o bueno, varios pisos sobre la tierra). Mis matas están bien porque mi mamá me las ha cuidado. Mi hermana se tomó todas las coca colas sin azúcar que había dejado en la refri. La humedad relativa me obligó a bañarme y recién bañada ya estaba sudando otra vez, inevitablemente. La lluvia amenaza pero no cae, y llevo horas pensando si ir al súper o si es el disparo causal que necesita el aguacero. El primer día es fantástico y siempre me pregunto por qué vivo al norte del trópico de Cáncer, a quién se le ocurre.
Me informa Paula que accidentalmente he venido de nuevo a tiempo para el Festival de Cine. Ya quiero que vayamos a ver una película para después reírnos como adolescentes idiotas. Qué felicidad.
Para recibir actualizaciones:
