Lena, me senté a escribirte, de nuevo un domingo y me vino la frase: “siempre en domingo”. Primero, reconocer que es la cadencia que ha tomado este hermoso acto de parar y sentarme a escribirte. Segundo, admitir que tiendo a hacer hábitos y cumplirlos, ¿qué se puede hacer conmigo?

Tercero, esa frase “siempre en domingo” me llevó a los años ochenta. ¿Vos te acordás de ese programa de televisión mexicano? Antes de googlearlo te voy a contar lo que recuerdo por aquello de que no sepás qué era o incluso por la posibilidad de que no hubieras nacido aun o que fueras muy pequeña. 

Siempre en domingo era un programa de presentaciones musicales “en vivo” ante un público sentado frente a un set de televisión. Tengo el nombre del presentador en la lengua, dame un toque…¿Raúl Velasco? Digo “en vivo” porque les artistas cantaban con pista. No sé si exagero pero este programa era el catalizador de cantantes a nivel latinoamericano. Creo que de ahí saltaron a la fama Luis Miguel, Lucerito, Timbiriche, Parchis, Verónica Castro, Daniela Romo, Flans y toda una generación de artistas que aun hoy son les intérpretes de las canciones más solicitadas en el karaoke. 

Mi grupo favorito durante mi infancia fue Timbiriche. Mi tía madrina del lado de mi papá se casó con un mexicano. Así que junto con Cata y Rigo, mis primes mexicanes, nos visitaba todos los años en diciembre, justo para las vacaciones y la época navideña. 

Voy a asumir que nadie de mi familia lee este blog y sin miedo decir que Cata todavía es mi prima favorita, mayor que yo apenas 7 meses. Durante nuestra infancia y adolescencia fuimos tan cercanas y tan amigas, que es una de esas personas que sin importar cuántos años tengamos sin vernos, si nos encontramos, la conversación nada más fluye. El desconocimiento de la minucia de la vida que no compartimos, no puede con el vínculo enraizado en la infancia, en el juego, en las vacaciones. Pero sobre todo en las cartas que intercambiamos en aquella época de tener papeles de carta, ir al correo y pegar estampillas después de pasarles la lengua por detrás. 

Cada año, cuando venían, Cata traía el último long play de Timbiriche, me enseñaba las coreografías y las presentábamos, junto con otra variedad de números, durante la cena navideña en la casa de mis abuelos paternos en barrio Luján. 

Creo que todavía me sé muchas de esas coreografías y de fijo puedo cantar de memoria más de un hit de Timbiriche. Esa música me habita, es capaz de transportarme a ese momento mágico de los vientos decembrinos, a esas vacaciones de tres meses que por joven e inexperta se me volvían larguísimas. 

Por otro lado, ya dije que sí, ahora estoy viendo si cuaja. 

¡Hasta el próximo domingo, pues! 

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