No solo es viernes, es primero de agosto: se acabaron mis memes preferidos de todos los tiempos, los de julio. Ignoro por qué me hacen tanta gracia. Es más, no solo es gracia, me ponen feliz.

Leo el telegrama de Luis y me da entre ternura y risa. Me acordé de una madrugada, hace unos 20 años, en la que Chaves, otros amigos y yo andábamos de bares en San Pedro. Yo manejaba un Jeep Cherokee negro que compartía con mi hermano mayor y se estalló una de las llantas. Parqueé de manera precaria en el costado de la Iglesia de San Pedro, fui al teléfono público para llamar a mi papá y pedir socorro. Era entre la 1 am y las 3 am, no recuerdo bien. Pero sí recuerdo que mi papá llegó con un amigo y me encontró sentada en el caño con mis amigos, entre ellos Chaves. Mi papá miró la escena y solo dijo: “Paula, ¿aquí no hay ningún hombre que le pueda ayudar?”.

Pocos años después, porque me aburrí de llamar a mi papá para pedirle ayuda cada vez que se estallaba una llanta, en parte por sus críticas, en parte porque me fui haciendo responsable de mis cosas, decidí pagar un seguro para que me auxiliara en estos casos. Es decir, la opción nunca ha sido aprender a cambiar una llanta.

Sé que hay muchas contradicciones en este relato. Pero lo más importante es señalar que tampoco tengo ganas de aprender a cambiar una llanta, de la misma manera que tampoco me interesa aprender a hacer pan.

Feliz viernes amigues, se les quiere.

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