Desde el momento que Nanu llegó a la casa de hospedaje en Yogyakarta y salimos para dejar a Reinaart en la estación del tren y seguimos para llevarme a mí al aeropuerto habrán pasado 55 horas o 2 días y 7 horas hasta llegar a Costa Rica.
El tránsito en el avión es de 45 minutos. Me puse los airpods para seguir escuchando en shuffle una playlist de canciones a las que le pongo corazón. La descargué para poder escucharla sin conexión a internet, me puede salir desde El Meneadito de Gaby hasta el Op.9, No.2-Plié I de Chopin.
Tengo hambre. Todas las personas que estamos en el avión no tenemos nuestra mejor cara. Yo vi la mía en el espejo y no puedo estar más despeinada. Pero debo decir que admiro mi paciencia. A veces lo tomo por sentado, no solo tengo una increíble paciencia, he hecho todo lo posible para hacerme pasar bien estas largas horas de viaje. Me paga muy bien esta gran capacidad para estar sola y en silencio, además de mis dos hábitos/pasiones: leer y escribir.
Lena, gracias por ser mi interlocutora, la persona a quien le escribo estas cartas. En esta travesía has sido una línea de vida que me sostiene a la distancia.
El avión ya se empezó a mover, no pongo atención a las indicaciones de seguridad, me las sé de memoria, creo. Ahora sí hay gente en los asientos de mi fila, pero yo voy en la ventana y tengo vista a uno de los perfiles de edificios altos de Ciudad de Guate.
Está precioso el cielo, literalmente vamos sobre una capa de nubes blancas, redonditas, como las de los dibujos infantiles. La vista hace juego con la nube de sueño que llevo instalada en la cabeza.
En mi viaje a Indonesia no fui a Bali, así que en mi propia versión de Eat, pray and love, constato que me encanta viajar y pasar tiempo conmigo misma. A la vez, reconozco que es lindo compartir esa comodidad que siento conmigo misma con otras personas. O sea, no se me mal interprete, también disfruto la compañía cuando es linda y buena. Ahí está el secreto o el gran aprendizaje a esta altura de mi vida, reconocer cuando es linda y buena, y cuando no para no desgastarse.
Tengo mucha hambre pero la vista es increíble, ¡qué territorio más hermoso el de Costa Rica!
Lena, acabo de sentir una especie de click, como un ¡eureka!, algo no menor se me acomodó por dentro y entendí una buena parte de la masa amorfa que ha sido este viaje.
Llegué.
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