niebla

Dicen que ha sido un verano brutalmente frío, y me alegro de haberme perdido una parte. En las tardes la niebla viene como una sábana empapada, y se queda suspendida sobre todos nosotros, obligándonos a la disonancia de encender la calefacción en Julio.

Ayer venía caminando del súper con dos bolsas llenísimas, y en una banca al lado de la calle estaba la visión poco común de una mujer amamantando a un bebé, y viéndolo a la carita, con la expresión de quien se ha enamorado de gravedad terminal. Esa por supuesto es una visión fugaz de una madonna medieval, hay que seguir de largo y no interrumpir este instante de la vida de otra, ni con una sonrisa. Pero tenía ganas de decirle: te veo en una felicidad profunda, te veo en un momento que ojalá pudieras ver vos misma.

Me puse a leer la novela de Irene Solà, Te di ojos y miraste las tinieblas. Qué librazo. Me alegro de que alguien más tenga la maña de contar todo al mismo tiempo, de desorientar al lector en tiempos y lugares. Además el libro está contado con una sensualidad intensa, que da asco y miedo. Como dijo Adriana cuando lo comentamos, “Los catalanes sí que inventaron al diablo”.

Estar en CR con ustedes me hizo bien. Ahora tengo otra vez ganas de moverme, de irme a ver cómo han cambiado mis lugares favoritos. ¿Qué tal si regreso y estoy ahí yo, de veintitrés años, demasiado segura de mi misma? Tendría que darme un abrazo, y pescozón.

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