ni picha

¡Pau, entraste a la población damnificada por inundaciones! Aunque felizmente por otras razones, unas más fáciles (tediosas, eso sí) de solucionar. Recuerdo una novela que tenía como epígrafe la frase de un escritor o filósofo japonés, parafraseo: inofensivo como un fósforo, devastador como un fósforo. 

De pronto me veo usando una de mis frases favoritas de la querida Cata Murillo, “moriré de lo mío”. Me encantó leerle a Lena algo que desde hace años venimos comentando a la par  de miles de personas con más expertise: “Qué daño absoluto le ha hecho el liberalismo gringo a la izquierda latinoamericana. A veces nos veo teniendo pleitos gringos, totalmente gringos, que no están traspasados ni por el mínimo esfuerzo de contextualización. Una vergüenza haber abandonado el análisis duro del poder del estado y de las corporaciones, para decantarnos por una política individual de ofensores y ofendidos. Lo personal es político, pero lo puramente político también es político, no? En fin, qué les digo, me voy a buscar otra pastilla para el dolor de cabeza.” 

Al respecto recomiendo una ojeada al libro de Susan Neiman, Left is not Woke (Polity, 2023). Y no como afirmación (antes de que salten las alarmas) pero sí como tema de discusión, pienso que habría que replantearse cuánto tiempo más hay que seguir hablando del ombligo. Preguntarse quiénes se vieron más beneficiados con mover el eje de la resistencia y la reivindicaciones del nosotros al yo. Llego acá y hasta me da vergüenza hablar de obviedades. 

Fucking gringos corrieron el eje ideológico y ahora las posturas pedorras de los demócratas yanquis se consideran de izquierda. Bueno, y ni hablar de todo aquel periodo en que hasta amigos nuestros que se habían zampado el combo neoliberal se sumaron al “qué polada hablar de izquierda y derecha”. En fin, cambio de tema para no arruinarme el día antes del almuerzo.

La verdad que ni picha, no cambio de tema. “Me recontra cago en la rechota democracia”, decía Alejandro Rubio ya desde el inicio del incendiario Metal Pesado (Siesta, 1999). La democracia como se conoció (si es que fue así) dejó de existir sin que nos diéramos cuenta. Fue sustituida por otra cosa, es un casco vacío, la palabrita de la solemnidad que parece apenas una marca registrada, otro de los activos del capital económico que la emplea para perpetuarse. 

Aaarrrrggggrrrrrrr.

Por lo demás, todo bien. 

Para recibir actualizaciones: