invierno

Creo que no regresé a un lugar, si no a una estación: el Invierno profundo. Llueve todos los días como si estuviéramos en Guápiles, pero en vez del agua calientita del Caribe esta cae en cuchillos de hielo, haciéndome moho negro en los pulmones ya débiles por los virus. En fin, igual he salido a dar vueltas apenas por el barrio, sin aventurarme todavía a la ciudad. Eso quedará para dentro de unos días, no nos precipitemos. Ya precipitación hay mucha.

Hoy regresé al trabajo y todo es felicidad por ahora. Todavía no sé qué ha pasado realmente en los últimos tres meses, regreso como una ilusa que se cree todo lo que le dicen en los informes, redactados con mucha diplomacia. Todo me hace pensar que les fue maravillosamente sin mi, posiblemente mejor! Ya encontraré formas de sentirme necesaria.

He estado leyendo Léxico Familiar de Natalia Ginzburg, porque me lo mencionó Paula una vez que almorzamos. Qué maravilla es la textura de la vida diaria, aún con el fondo horrible del fascismo. Entre otras cosas lo hablamos porque es lo que nos queda: buscar la belleza y la felicidad en los lugares pequeños de nuestras vidas, en las frases de ese idioma familiar que construimos con otros.

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