Querida Lena / Querida Paula
Un año exacto pasó desde la carta inaugural que mandó Lena después de, docta programadora, armar la página. Los días se hacen eternos, los años pasan volando. Entonces yo tenía a lo sumo seis semanas de haberme mudado al apartamento del que me fui hace un mes. Se había cumplido un ciclo, esto lo digo para sonar como persona-que-lleva-las-riendas-de-su-vida, la verdad siempre me ha parecido que los ciclos terminan mucho antes de que uno se entere. En fin, estoy ahora en la frontera de barrio Escalante y Aranjuez, subí de quintil de forma paradójica porque aquí pago menos por el alquiler. Vivo cerca de la quebrada Los Negritos (nombre que tiene los días contados,supongo) pero en la zona donde no llega el agua cuando se desborda. Aquí, como en el apartamento de Zapote, cuando salgo a fumar también veo a los escuadrones de mapaches en sus rondas nocturnas.
Todas las cartas, las de los primeros meses con Lena y las de cuando se sumó Paula (incorporación jubilosa que, tipo pimp-my-ride, convirtió el ping pong epistolar en una suerte de coro-griego tropicalizado) las escribí en el apartamento de Zapote. Esta es la primera que escribo en el nuevo domicilio arrullado por el ruido blanco del ventilador y el teclado (las manos dentro del cono de luz retórica que crece como punto de fuga desde la lámpara de escritorio). Y tiene esta carta la doble condición de ser la primera y la última. Vine, como decidimos hace tiempo, a cerrar juntes algo que, como dicen de la violencia, supimos dónde empezó pero no dónde o cómo iba terminar. Tal vez lo de menos sea aquel inicio y esta clausura, lo importante (porque sí lo fue) sucedió entre esos dos momentos (como la cita ya gastada del trayecto y el destino en el poema de Kavafis, ya se dijo todo).
Di un paso al lado a fines de agosto apurado por contingencias varias que se sincronizaron, y el coro volvió a ser ping pong, intercambio de cartas desde la Edad Mediana entre dos de mis amigas más queridas, genias generosas, familia molecular. En cuanto a la contingencias que motivaron mi salida o impasse indefinido puedo decirles que si bien me encuentro más o menos en el mismo lugar o momento, nada es igual. Dicho de otro modo, todo cambió. No sé explicarlo mejor. Como si alguien moviera una silla para luego colocarla en el mismo sitio: está en el mismo lugar pero algo se trastocó, una alteración imperceptible pero definitiva. Lo fracturado y lo urgente siguen ahí, se desplazaron unos centímetros para volver inmediatamente adonde estaban. Pero lo que irradian o dejan de irradiar es diferente a lo de hace tres meses. En fin.
Qué buena idea fue esto, volver a escribir cartas, entregarse a un tempo incompatible con la aceleración o los atajos.Y que además permite las pausas e intermitencias, empezás la carta una tarde y la retomás la noche del día después. O, lo que me parece su mayor atributo: el paso intermedio -la escritura- convierte la conversación en otra cosa, la coloca en otro plano, no es -para nada- poner por escrito lo que se hubiera dicho oralmente, es una conversación desplazada un par de grados, alguien que casi soy le habla a personas que casi son Lena y Paula.
Este intercambio, si me lo permiten, fue imbatible.
Las quiero mucho y siempre.
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