El aeropuerto de Manila no es tan enorme ni tan “moderno” como los dos aeropuertos de Indonesia por los que acabo de pasar. Recién anunciaron que habrá una misa a las 9:00 am en una capilla, asumo que por la historia filipina es una misa católica. De inmediato recordé que en Jogya lo que se escucha, en vez de pájaros, es los cantos de las mezquitas. Eso pasa cinco veces al día y tiene que ver con el movimiento solar. 

Me cambié de ropa en el baño, me puse unas medias de lana altas y un pantalón de una tela más gruesa y suave. Estas son mis preparaciones para el siguiente vuelo, el de 13 horas, el que me saca de Asia para llevarme al continente americano. 

Eventualmente llegaré a Los Ángeles, un poco más cerca de vos geográficamente. Durante esta experiencia de la vida en Indonesia, he pensado mucho sobre el efecto tan directo que tiene sobre nuestra idiosincracia, nuestra política y economía estar tan cerca de la irrealidad real de los EEUU. Además, eso que me contás de la IA, de estar tan conectados a la tecnología que ya no sabremos qué es qué da mucho miedo. 

Hablando de la mala influencia gringa, confieso que estoy en Starbucks tomando té chai latte caliente con leche de avena para calentarme un poquito y cargar el celular. Desearía que en este aeropuerto tuvieran una mesa para jugar cosas con otras personas. Pero no, solo hay tiendas que venden lo mismo que en cualquier otro aeropuerto del mundo. 

Lena, ya llevo 17 horas viajando. 

*

Mi plan es tomarme unas pastillas de melatonina con pasiflora y caer como un saco de papas en este vuelo largo. Ojalá. Por el momento, me está gustando el libro de Rooney, está entretenido pero el aire acondicionado me está matando, es muy frío, como si más bien estuviéramos en un estanque para pingüinos. 

10:40 am en Manila, ya están abordando el vuelo. Tengo hambre, ya leí tres capítulos del libro. Me está pasando que mientras leo imagino a todos los personajes con facciones asiáticas, aunque la historia pasa, hasta ahora, en Dublin, Londres y París. Mi imaginario se expandió. 

En este vuelo sí supe escoger un buen asiento en la ventana. Cuando me voy a sentar en un avión siempre pienso en esas historias románticas de personas que se conocen en un avión y se enamoran. Pero no será mi historia, tengo a la par una pareja que ni siquiera me presta atención.

Llevo 24 horas viajando. Acabo de almorzar, me tomé la pastilla de melatonina con pasiflora, me quité los zapatos, me cobijé y apenas le ponga punto final a este párrafo, me voy a quitar los anteojos y ponerme el antifaz para dormirme un buen rato. 

*

Dormí 7 horas, el mapa que muestra la trayectoria del vuelo ubica al avión sobrevolando el Océano Pacífico, hay un punto a la izquierda que dice Manila, otro a la derecha que dice Los Ángeles, el punto medio más cercano parece ser Honolulu. Me desperté porque prendieron las luces para repartir bebidas y una merienda. 

Aun quedan seis horas más de vuelo. Las últimas dos semanas de mi vida se sienten como un ectoplasma, como una masa brillante de color fucsia que se mueve lentamente por mi mente, flota dentro de mí, me habita. Es una masa, un cuerpo que todavía no tiene forma pero ocupa un espacio importante. 

Me gusta pensar que de verdad quedaron cosas atrás con este viaje, más de lo que puedo comprender ya mismo. Al mismo tiempo, me gusta pensar que germinan hilos hacia adelante, o hacia los lados, o para todas partes. Quizás hasta el pasado se acomode, se quede quedito un rato, simplemente mostrando lo que fue y lo que puede enseñar. 

Hablando de pasado, presente, futuro y masas viscosas inaprensibles aun, me quedé pensando en enamorarse en un avión y en general en lo que significaría para mí enamorarme hoy a mis 49 años con 9 meses. ¿Podemos hablar de eso la próxima vez que vengás a San José, mientras me como una bolsa entera de Mejitos?   

*

Después de 13 horas y unos minutos estoy en el continente americano. Hacer esta escala de 13 horas en el Aeropuerto de Los Ángeles es la parte más dura de esta travesía, pero acá estoy y me toca. Si San Francisco estuviera más cerca te caería con una bolsa de chips de maíz. 

Hasta ahora llevo 33 horas y 10 minutos viajando.

Para recibir actualizaciones: