Queridos Paula y Luis:
Una de las dificultades de escribir una última carta es que cuando pienso “la última” automáticamente siento que lo que viene pegado a esa frase es “antes de morirme”. Tengo un amigo muy perceptivo que me notó lo siguiente: cuando yo me despido, es como si no nos fuéramos a volver a ver nunca más. Un abrazo un poquito apretado, un quiebrecito en la voz. Siento todas las despedidas como si fueran para siempre, como si me fuera a explorar el Ártico en barco en el siglo dieciocho. Así que esta vez voy a hacer como que estoy escribiendo cualquier carta, un fin de semana cualquiera, solo que es día de los muertos.
Acabo de salir a caminar con Dante hasta el parque donde se ponen los altares públicos. Familias, organizaciones, grupos de vecinos, todos pueden poner un altarcito o una ofrenda. Este año no hice uno propio porque estaba volando por el aire, así que salí a poner los nombres de mis muertos en unos pedacitos de papel, con unas flores, con una cruz de sal para que me encuentren y ojalá me acompañen en sueños. De todas las tradiciones globalizadas, esta es una de las que más me gustan.
Hace un año estaba en Portland y mientras iba de un lugar a otro en uno de esos trenes ligeros, las hojas marchitas de los árboles en el suelo, iba en Whatssap con Chaves acerca de abrir este blog y escribirnos el uno al otro con abandono, sin permitir comentarios, sin mucha edición ni diseño. Tenían que pasar todavía un par de cosas, por ejemplo que ese mismo día me llamaron por teléfono para contarme que se había muerto Ray en Nueva York, y con él una parte de mi vida que fue más grande de lo que él nunca se imaginó. Nunca dejamos de despedirnos con “I love you”, y me alegro tanto de que haya sido lo último que le dije.
Este año aprendí a ser más sentimental, y eso se los agradezco a ustedes, sobre todo a Paula. A veces se me olvida que no sólo se puede aprender a golpes, también se puede aprender al calor del cariño de los demás, a la luz de sus palabras. Mi tendencia natural es evitativa: no hace falta extender el dolor ante la pérdida, lo que hay que hacer es marchar sin tregua hacia adelante como un soldado soviético. Pero en este año que pasó, y creo que se transparenta en muchas de las cartas, me he dedicado a quedarme con mis pérdidas un rato más, que se mantengan y me duelan, a veces mucho. Estoy dejando que me duela cerrar este blog. Y creo que me ha hecho bien! Termino este proyecto con el corazón en un lugar más seguro.
Para recibir actualizaciones:
