bailarina

¡Bienvenida, Lena!. Como propone Paula, hay que verse ya, ¿mañana noche en mi casa?

Ahora que entré al sitio para leerlas vi que el subtítulo de nuestro blog de cartas sigue siendo “cartas que nos enviamos uno a otro”, se nos pasó ajustarlo a la dinámica de triangulación que adoptamos hace rato.

Llegué hace un par de horas del club de lectura que coordino un lunes al mes desde noviembre pasado. Hoy tocaba comentar la novela Peluquería y letras (Ed. Anagrama, 2022) del mexicano y querido Juan Pablo Villalobos. arrancamos con el videito que grabó Juan Pablo en Barcelona, ciudad en la que vive, para saludar al grupo. De ahí en adelante todo fue voces sumándose a la fogata comunal de la conversación distendida y agradecida no solo con la obra de Villalobos si no con su aproximación a la escritura que, no es algo menor, abre la puerta a la discusión ya no de su novela si no de las posibilidades de la literatura en general. Ojo, cuento esto porque me pareció una sesión excepcional, excepcional en el sentido de que no siempre, casi nunca, se da así como la de hoy. Y también habría que sospechar si fuera la norma. Lo de esta noche se festeja no a pesar de ser una sesión atípica si no justamente por serlo.

Y llevando esto al plano personal, la sesión de hoy me dio el último empujoncito para salir del pozo en el que estuve sumergido por varios días. Todo sigue igual, claro, pero momentos así ayudan a sacar la cabeza del culo. Iba a decir “relativizar las cosas”, prefería quedarme con la metáfora.

Un sábado de estos, el teatro a oscuras, luz indirecta picada sobre el escenario vacío donde avanza la neblina retórica de la que surge LaMenor, al ritmo de Smalltown Boy de Bronski Beat, para interpretar el primer solo de su vida. Ser su papá inhabilita mis opiniones sobre la cualidad del movimiento, la gestión notable de fuerza y técnica y, sobre todo, esa combustión interna propia con la que en estados de gracia efímeros las bailarinas, trasladándola al cuerpo, logran materializar la subjetividad. Pero, ya dije, soy el papá que habla de su hija y todo esto puede ser apenas la coartada literaria de un padre escritor que todo el tiempo vio en el escenario, desplegados y comprimidos a la vez en aquella bailarina potente, sucesos y eventos y pasajes a lo largo de los 15 años que desembocaban en ese momento, en ese lugar.

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