Una buena forma de pasar un domingo en San José es moviéndose lentamente en la humedad de Marzo, alucinando por falta de sueño. No dormí en el avión por supuesto, si no que hice una siesta de emergencia y después fui a desayunar, a la Feria del Diseño Local, al parque Francia por un batido de frutas, al zacate un rato, admirando el árbol de laurel. Flotando en el vaho de de los árboles florales, sostenida por el café, este es un buen lugar para estar. En 24 horas me curé de varios males.
Con los padres me puse a ver La Contadora de Películas (2023) que es una peli linda, divertida, livianita. De esas que no son una comedia imbécil y tampoco son una exploración psico social de la alienación que nos trae el capitalismo terminal. Una peli que la gente querría ir a ver al cine, con alguna recompensa. Las actuaciones son muy buenas, pero una cosa que me gustó mucho es que para una película que sucede en el desierto, donde todo es un polvazal, lo que hacen los personajes es ser de colores, sobresalir del fondo.
Es Lunes y aquí me da tiempo de todo. Fui a correr un ratito, me bañé, hasta fui al súper en chancletas, a comprar el desayuno. Ahora estoy en las reuniones de siempre, pero en short. Mejor que antes.
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