La penúltima

Es jueves 30 de octubre, son las 8:47 am y me termino la taza de café del desayuno en el A214. Anoche dormí 12 horas y amanecí, finalmente, un poco mejor, lo suficiente para decidir ir a la oficina esta mañana y atender asuntos que requieren mi presencia. 

Siento una suerte de nostalgia al pensar que vamos cerrando este proyecto. Aunque sé que hoy no voy a mandar esta carta, decidí empezar a escribirla desde ahora, para saborear estos últimos días. 

La nostalgia que siento tiene razones egoístas también, porque supone dejar de hacer algo que a quien más beneficia es a mí: sacar tiempo para escribir. Pero muy honestamente, la parte que agradezco infinitamente, a vos y a Luis, es haber estado ahí, leerme y responder de vuelta. Un win/win que llaman, porque si ustedes también necesitaban una excusa, pues yo acá he estado. De repente fuimos o somos ese club de lectura y escritura necesario para echar a andar procesos, y hacerlo público en este blog ha sido la forma de obligarnos a cumplir, de no quedarnos solo en las buenas intenciones. 

Ahora, encontrar estas sinergias no es nada menor de hallar en la vida. Ahora que ya tengo casi 50, lo sé muy bien. Me tengo que ir, luego sigo. 

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Ahora son las 7:39 am del viernes 31 de octubre, tengo una torta de huevo en el sartén, papaya en el plato y la taza de café. Este resfrío no me aniquiló, siento que voy saliendo, queda una tos que persistirá por días, como suele pasar. 

Quería contarte que terminé de leer el libro de Sally Rooney, el de Beautiful World, Where Are You, desde antes de enfermarme. Me lo disfruté. Sobre todo que la estructura está compuesta por una correspondencia entre dos amigas. Lo que me gustó, y de repente es la respuesta a por qué hacemos esto, es que evidentemente es un discurrir de ideas, sentimientos, conjeturas que dichas a otra persona dejan de ser un simple diario. ¿Por ahí va, no?

Me como rápido la torta de huevo porque atiendo un Zoom a las 8:00 am, desde el A214, luego voy a la oficina. 

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Es sábado 1 de noviembre, son las 9:52 am. De nuevo tengo la torta de huevo en el sartén e hice café con unos granos que traje desde Indonesia. La palabra “kopi” es de las pocas palabras que aprendí en Jakarta. 

Mi chiste de Halloween de los últimos años ha sido subir una foto que me tomaron con Ramona en Instagram y escribir: “nosotras no necesitamos disfraz”. Solo yo me río pensando en el pésimo chiste y en esa foto que supuestamente me convierte en bruja por tener una gata negra. Ayer no la puse y Ramona y yo hicimos lo mismo que hemos hecho mil veces y muchos viernes: quedarnos dormidas. 

Hoy es un día muy gris, por prevención me voy a quedar en casa para terminar de curarme. Me siento mucho mejor pero como mañana salgo de viaje, prefiero guardarme un día más. 

Mi plan para hoy es modesto. Voy a terminar de editar los 10 textos que me encargaron escribir, ¡logré terminar de escribirlos Lena! Si me preguntás cómo lo hice, no sabría responderte. Pero te puedo asegurar que estar escribiendo estas cartas me ayudó muchísimo. Ya sabés que estos 10 textos que me comisionaron, no son lo que realmente hubiera querido estar escribiendo. Pero estas “comisiones” me hacen sentir escritora, no porque esté escribiendo algo importante (en todo caso sería lo menos importante que he escrito), sino porque me sacan de mí por completo. Es como ser otras por unos minutos. 

Para seguir con la reflexión de cierre de nuestro proyecto de escritura epistolar, este espacio ha cultivado un hábito pero también logró ser un cable a tierra, el mensaje en la botella lanzado a la inmensidad del océano, la señal de humo que se asoma por el Valle Central de Costa Rica. O concretamente, mi necesidad de comunicación y conexión siendo resuelta. 

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Ya es domingo 2 de noviembre, 9:28 am y de nuevo estoy esperando que esté lista la torta de huevo en el sartén mientras me tomo una taza de kopi. 

Aquí te va un “fun fact” sobre mí que puede ser analizado de múltiples buenas y malas maneras: si yo me hago el desayuno, siempre cocino lo mismo. Es papaya, una torta de huevo con espinacas, hongos y tomates cherry, una taza de café negro sin azúcar. Antes, en ayunas, una taza de té de manzanilla con medio limón, vinagre de manzana y canela. 

En un par de horas viene mi papá para ir a almorzar y después llevarme al aeropuerto. Tengo casi 50 años y cada vez que viajo mi papá insiste en llevarme al aeropuerto. Ya no pongo resistencia, más bien le pregunto a qué hora pasa. 

Ya estoy en la sala de abordaje del Juan Santamaría, en unos minutos estaré en el aire de camino a Ciudad de Guatemala, vamos a la Bienal Paiz. Empecé a leer el libro de una amiga puertorriqueña que se llama Beatriz Llenín Figueroa, el libro es La piedra es una sombra que da vida.

El almuerzo con mi papá estuvo bien, hablamos de política, por quiénes vamos a votar que es más una convicción por restarle peso al oficialismo nefasto que tiene a la democracia de este país en alitas de cucaracha. Nos miramos a los ojos, con un enojo triste, obvio se nos salió decir a ambos que este país ya no es el mismo. 

Feliz domingo Lena, me despido por ahora. Besos. 

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