Me hice un baño francés con toallas húmedas y de nuevo me cambié de ropa para airearme la piel. Busqué una ensalada para balancear las comidas del avión y acabo de encontrar un muy buen spot con un sillón largo donde estoy acostada. Me podría dormir pero acá empieza la batalla con el jet lag, con el cuerpo que no entiende por qué está de nuevo en el domingo 12 de octubre al mediodía si ya habíamos pasado por esta misma fecha y hora al otro lado del mundo. Quizás la masa amorfa que me habita es justo el tiempo revuelto con todas las experiencias desconocidas que viví. 

Oficialmente tengo el cerebro hecho una papa frita. Según yo me iba a poner a hacer cosas en la compu pero no me da la voluntad ni las neuronas. Podría ponerme a leer pero para eso necesito ir a conseguir un café tipo triple expreso. 

Es la 1:37 pm y mi vuelo aborda hasta las 9:50 pm, tengo 8 horas para sentirme como una de esas personas que pernoctan en los aeropuertos. Nunca vi esa peli que protagonizaba Tom Hanks pero sé que contaba la historia de alguien que vivía en un aeropuerto. 

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Lo que más quiero hacer cuando llegue al A214 es darle muchos besos a Ramona. 

Me compré el americano más grande que encontré, leí dos capítulos más del libro de Rooney y me quedé dormida. 

Son las 4:09 pm y ya perdí la cuenta de las horas que llevo viajando, es el ectoplasma de nuevo, como una nube que me sobrevuela, una sensación de que el tiempo se disolvió y que mi cabeza no está donde está mi cuerpo o que mi cuerpo está donde está pero sin saber adónde es eso. 

Además orino una vez cada 60 minutos por culpa de este hijo de puta frío del aire acondicionado de los aeropuertos. 

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Decidí recorrer todas las tiendas, donde pasé más rato fue en una librería. Salí con “The Weiser Tarot”, ¡jajajaja! Me podría hacer un turbante y tirarme en la alfombra de alguna sala de espera y empezar a ofrecer lecturas, pero me falta demasiada práctica. Aunque, pensándolo bien, podría pedirle a ChatGPT que haga unas interpretaciones bien lindas y hasta positivas. Lástima que dejé mis batas de batik en la maleta, tendría con qué armar mi personaje de tarotista. 

Todavía es tan temprano para mi vuelo que ni siquiera sé de qué puerta sale. Lo otro que no está claro es si me toca hacer escala en Ciudad de Guatemala. Según el itinerario que me dieron sí, pero me dieron un solo pase de abordar. Ya lo sabremos. 

Hice la cuenta, llevo 41 horas y 35 minutos en tránsito, alimentando esta masa amorfa que me habita y que me impide dormir y que me mantiene en este estado de vigilia. Hoy ya había sido. Es como si la que fui en el futuro no hubiera llegado a mi cuerpo aun. Estoy glitcheada, desenfocada, el domingo 12 de octubre de 2025 ya me pasó y aun no he llegado a este otro que se supone que es el mismo. 

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También hablemos de sexualidad cuando hablemos del enamoramiento. Enamorarse puede estar relacionado a tener algo sexual con alguien pero no y viceversa. Hablemos de eso también. Voy a necesitar una bolsa de Mejitos tamaño jumbo. 

Me volví a poner las medias de lana y encima del legging limpio me volví a poner el pantalón grueso. Me estoy cagando del frío. Tal vez estoy con la presión baja o algo similar. Pienso que pronto voy a buscar algo de comer y viene a mi cabeza una hamburguesa enorme, me imagino que como estoy en EEUU deben hacerlas muy ricas. Tal vez si con una comida así mi cuerpito sienta calor. 

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Aún faltan tres horas para que salga el avión, cené la hamburguesa. Hice el cálculo de cuántas cenas pagaría en Indonesia con lo que me costó esa hamburguesa con papas fritas y es descabellada la diferencia. 

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Odio la expresión “no he dado del cuerpo” en vez de decir que no he cagado pero en todo caso no he dado del cuerpo en estos dos días de viaje. Ya no estoy digiriendo nada. Me quiero dar de alta. Me estoy quedando sin palabras.

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Llegué al gate 209B de la terminal B de LAX. Tengo a la par una señora que llora mientras habla por teléfono con un hombre del que se está separando. Todo lo que le dice es muy doloroso. Ves, ese tipo de amor yo no lo quiero. Ella le dice que hubiera querido que él le pidiera que no se fuera y llora, le dice que lo ama. Sigue llorando, me acongoja. 

Leí la tercera parte de mi nuevo libro. Ya vamos a abordar, el avión sí va a parar en Guatemala. 

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Me acaba de despertar una voz en español que decía que estamos a punto de aterrizar en Ciudad de Guatemala. Después de dos semanas regreso a Centroamérica, de vuelta a la zona horaria a la que todo mi ser estaba acostumbrado. 

Me tocó un asiento en la ventana y en los otros dos asientos no venía nadie. Me acosté horizontal ocupando los tres puestos, hasta soñé. Son las 4:24 am del lunes 13 de octubre de 2025. 

Anunciaron que tránsito en Ciudad de Guatemala toca hacerlo abordo del avión, así que esta carta no te la puedo enviar en tiempo real.

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