nórdica

Querida Paula, la semana pasada estuve en Berlín, el fin de semana en Copenhague, y esta semana he estado en Estocolmo. Todo suena muy glamoroso y quizás lo es, he perdido toda la perspectiva. Yo soy yo en todas partes, como papas fritas con mayonesa y voy a las tiendas donde venden cuadernitos lindos que cuestan carísimo y de todos modos nunca voy a usar. Es así.

Berlín es familiar. La pasé bien, vi a amigos y hablamos como si nos viéramos todos los sábados. Me pasé esos días vacacionales en galerías y museos, viendo locuritas.

A Copenhague había ido hace quince años, y no puedo decir que haya visto grandes cambios, pero fue porque pasé dos días con amigos queridos que ahora son papás de enormes adolescentes nórdicos. Fui al museo de arte contemporáneo y vi varias cosas lindas, incluyendo una parte del proyecto de A.A. Murakami, Floating World, que me pareció muy bueno.

En Estocolmo estoy con mi hermana, y lo que más me ha gustado es hacerle mil preguntas sobre su vida aquí, sus amigos, sus intereses. Es una ciudad muy silenciosa, muy uniforme, estrictamente limpia. No sé si es para mi, pero definitvamente es para ella. Fuimos al museo de arte moderno y entre todas las obras famosas lo más impresionante, de lejos, fue el trabajo de una mujer indígena que hace largas historias en bordados muy elaborados. Pensé en vos y en tu bordado, por supuesto. Creo que el trabajo de Britta Marakatt-Labba te va a encantar.

Mañana me voy de nuevo para San Francisco. Me toca levantarme muy temprano y tomar ese taxi siempre raro en la oscuridad. No sé si fueron unas vacaciones para descansar, pero fueron unas para pensar. Creo que si tenemos suerte nos vemos en unos días y el abrazo al final de estar carta se hará concreto.

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