cuerpo

Les escribo desde el medio del caos. Estoy en medio de la siempre difícil clasificación de cosas que guardar, cosas que regalar, cosas que botar. Es como si una bomba de materiales gráficos hubiera explotado en la sala, después de una de materiales de costura. Hay pinturas, cuchillas, tijeras, tintas, papeles de todo tipo, cuadernos, lápices, reglas de todas las dimensiones, telas, botones, patrones, hilos, toda una pasamanería. Tengo que salir de todo esto, como de debajo de una montaña, para poder irme de este país por un tiempo un poco más ligera. En eso estaré este fin de semana, considerando mucho mis materiales.

En estos días pienso mucho en el cuerpo, porque le sigo dando vueltas a esa idea de que dibujar o pintar o escribir no son actividades para reproducir la realidad. Son más bien un proceso de consumir el mundo, y el tiempo, y después producir otra cosa con todo eso. Es tomar las imágenes y procesarlas con los órganos, con las partes que han vivido y sufrido y ha obtenido placer en este mundo. Y esa máquina de sentir que cada uno tiene absorbe, distorsiona, transforma, y produce después algo con el cuerpo. Ese proceso me interesa.

Me interesan los resultados del proceso claro, pero ahora me interesa mucho menos si los resultados son legibles o aceptables para los demás. Hay una práctica, una dedicación y un entrenamiento de años que te permite crear imágenes y textos y movimientos con calidad técnica. Estos resultados pueden ser buenos, bellos, hasta comercialmente viables. Ese es trabajo que debería compensarse como cualquier otro trabajo. Pero esa es otra historia, que no es la mía.

Pienso mucho en esto también porque cuando un modelo de lenguaje produce una imagen a partir de una descripción textual, el resultado puede ser una maravilla, pero no es la misma maravilla de la que estoy hablando arriba. Es producto de otro proceso, completamente diferente, que no incluye el de cada uno con sus limitaciones, sus discapacidades, su falta o exceso de habilidades y de práctica etc.

Y claro, por muchas cosas que están pasando, he pensado en cómo el cuerpo es el único instrumento realmente nuestro, con el que cada uno ocupa espacio en la tierra. Un solo cuerpo para cada una. Si al fin es lo único que tengo, la autonomía radical del cuerpo no debería ser una idea tan radical. La forma en que vemos nuestro propio instrumento, nuestra máquina de sentir, debería estar llena de una ternura infinita.

En fin, sigo poniendo mi cuerpo a ordenar cosas en cajas. Regalar, guardar, botar. Procesar el universo, y crear otra cosa.

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