6 de enero

Volvieron las zompopas. Brigadas rojizas trabajando en una columna densa de dos vías, las que van directo al objetivo a devastar y las que regresan cargando trozos del botín. Trozos del doble o triple de su tamaño. He pensado en seguir la columna hasta la boca del hormiguero, pero siempre termino haciendo otra cosa, por ejemplo quedarme inmóvil pensando en seguirlas hasta la boca del hormiguero. 

El 2024 fui a la misma barbería, ya puedo llamarla mi barbería. Es old school, precios populares pero se reserva cita exclusivamente en línea. Si entrás a preguntar, te señalan el QR pegado en la entrada. Es barbería híbrida. Lo mío es rápido, el barbero ya me conoce y sabe que voy por lo que la primera vez traté de explicarle así:  un Joe Strummer cholo. No tengo tatuajes, llevo faldas de camisa dentro de los pantalones, corresponde pues un mohawk de señor. 

Vi un corto nuevo de Rohrwacher, la cineasta de la que te hablé maravillas. No me gustó mucho (protagoniza un niño y va de la mirada pura de la niñez). Y en cierto modo me alegra que este corto de ella no me guste, es como que la veo poner los pies en la tierra. Nadie puede ser genial siempre.

Compré una licuadora en Pequeño Mundo, colgué dos cuadros que pintó mi tata, me corté el pelo, puse luces nuevas en el pasito que mi madre le regaló a las chicas unos meses antes de morir. 

Venís el 6 de enero, me vienen unos versos de DG Helder, “el corazón contento / lleno de alegría”.

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